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martes, 16 de noviembre de 2010

La opinión pública según J. Habermas

Nota: el siguiente texto es un resumen del contenido de la siguiente lecturas: Habermas, J. Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública. 2004.
Por Begoña Antón Gracia

La teoría habermasiana se fundamenta en el estudio de la esfera pública, del espacio público. A Habermas le interesa descubrir cuáles son las condiciones sociales para el desarrollo de un debate racional y crítico sobre temas de interés público conducido por personas deseosas de que los argumentos, y no las adscripciones de estatus, determinen la formación de la opinión pública. La esfera pública, para Habermas, no es el Estado ni el mercado; más bien es un cuerpo informalmente movilizado de una opinión discursiva no gubernamental que puede servir como contrapeso al Estado y al mercado. En efecto, es precisamente este carácter extra gubernamental de la esfera pública el que le confiere un aura de independencia, autonomía y legitimidad a la opinión pública generada en esa esfera pública.
La aparición de la esfera pública corresponde al espíritu del iluminismo. El antecedente iluminista de esa esfera pública se localiza en las discusiones que tuvieron lugar en el siglo XVIII en espacios como los salones, los cafés, las hosterías y clubes al calor de las ideas antiabsolutistas (Montesquieu) y la oposición a los privilegios (Voltaire), junto con la reivindicación de los derechos individuales, entre los cuales se pueden enumerar la libertad de pensamiento y la libertad de expresión.
La esfera pública sirve, entonces, para integrar las opiniones individuales en una resultante libremente elaborada porque ya hay un espacio social no determinado por el poder del Estado o por la dinámica mercantil. Siguiendo a Habermas, dos procesos surgen simultáneamente: el proceso de autonomización de la sociedad civil, frente al Estado y frente al mercado, y el surgimiento de la esfera pública. Una reclama a la otra: “La esfera de lo público que eventualmente también se engarza con el debate crítico de asuntos políticos se convierte definitivamente en la esfera en la cual la sociedad civil refleja y expone sus intereses.” Ese reflejo y exposición de intereses se presentan a manera de una discusión abierta en la esfera pública sobre tópicos de interés común. La esfera pública se caracteriza, en consecuencia, por poseer una estructura de comunicación que concierne a la acción orientada al entendimiento entre los participantes.
Para Habermas, la sociedad civil y la opinión pública pesaron fuertemente para construir el Estado de derecho. La norma jurídica ya no fue producto de la tradición o de la voluntad divina, como en los tiempos anteriores, sino producto de la razón. Y la razón fue considerada como la expresión de la voluntad general.  Sin esta atribución, sin la presuposición de la opinión pública como el origen de toda autoridad vinculada al conjunto, la democracia moderna carece de sustancia de su propia verdad. La esfera pública de la sociedad civil moderna aparece, entonces, como la afirmación de que la opinión pública que se forma en ella es la única fuente legítima de la ley.
Históricamente, los parlamentos democráticos han jugado un papel muy importante en la integración de la opinión pública.  Pero Habbermas le otorga una importancia fundamental a la sociedad civil y la esfera pública en este proceso, porque es justamente ese carácter libre del discurso fuera de la arena política la que le da una función central al identificar, tematizar e interpretar las preocupaciones políticas de la sociedad en su conjunto.
El gobierno de la opinión pública se caracteriza por que el sistema representativo procede de la siguiente manera: 1) por medio de la discusión que obliga a los poderes existentes a buscar la verdad en común; 2) por medio de la publicidad que hace a estos poderes ir al encuentro de la razón, la justicia y la verdad bajo el escrutinio de los ciudadanos, y 3) por medio de la libertad de prensa que estimula a los ciudadanos a esa misma búsqueda y a planteársela al poder
Lo anterior encarna una paradoja que enfrentan la esfera pública y la opinión pública: por un lado, está la realización del ideal democrático liberal de la discusión, sin trabas, de los problemas que interesan a la sociedad, para influir en la formación de la decisión político-jurídica en las instancias institucionales; y, por otro, nos topamos con la distorsión de la opinión pública con fines de lucro político y beneficio mercantil, junto con la usurpación de la esfera pública por intereses igualmente de poder o de tipo comercial. De aquí se deduce que una acción a favor de la sociedad civil deba procurar la “descolonización” del territorio perteneciente a la esfera pública, de inclinaciones relacionadas con intereses de índole política y económica.

En resumen, la teoría habermasiana sobre la opinión pública nos permite establecer, de forma esquemática, lo siguiente:

a) El espacio público.
-       Se ubica en la esfera civil y es el espacio físico donde se reúne la sociedad civil .
-       El espacio público es el espacio que la sociedad civil va ganando  frente al Estado o el mercado.
-       En el espacio público la SC debate críticamente los asuntos de gobierno y de mercado, y expone RACIONALMENTE sus ideas y transmite los valores y comportamientos.
-       En este sentido, la opinión pública es la voz de la SC que se genera en el espacio público, es la acción comunicativa que se gesta desde abajo y va tomando forma con base en argumentos sólidos, racionales, de trasfondo, etc.
-       Para Habermass, coexisten muchos espacios públicos y opiniones públicas tematizadas: derechos humanos, medio ambiente, religión, migracipon y desarrollo, etc.
-       El objetivo del espacio público es constituirse en el espacio garante del sistema circulatorio de la sociedad civil, donde se forma, desde abajo, la opinión pública como fuente legítima de la ley y el diseño de las políticas gubernamentales.
-       La esfera pública y, en consecuencia, el espacio público son independientes y autónomos gracias a su carácter extragubernamental, lo que le da justamente legitimidad a la opinión pública que se gesta en dicho espacio.
b) Características de la esfera pública.
-       Posee una estructura de comunicación en donde los participantes, TODOS POR IGUAL, tienen la oportunidad de expresar sus ideas y propuestas, discutirlas y negociarlas.
-       El debate que se gesta en la esfera pública es RACIONAL y CRÍTICO, por lo que se genera una estructuración y racionalidad discursiva.
-       La creación de consensos mediante la discusión pública es el mecanismo regulador de los conflictos, por lo que el diálogo toma el mando para resolver las diferencias.
-       Se genera un proceso interactivo de comunicación entre los individuos, grupos y asociaciones civiles.

c) La opinión pública para Habermas es.
-       La voz de la sociedad civil que se gesta en el espacio público.
-       Es producto del sistema circulatorio de la sociedad civil.
-       Debido a que se gesta en la esfera pública, la opinión pública es la única fuente legítima de la ley.
-       La ley de la opinión pública es la voz de la razón y el punto crucial son los méritos de los argumentos, no la identidad de quienes argumentan.
-       La opinión pública es el vínculo entre la sociedad democrática y la instancia parlamentaria.
-       Sin la opinión pública la democracia moderna carece de sustento.

d) Riesgos para la conformación de la opinión pública:
 - Carencia de discurso racional, bien sustentado y estructurado.
-   Los medios de comunicación puede desvirtuar la opinión publica, pero es aquí donde la sociedad civil puede y debe poner sus límites.
 Para la reflexión:
Con base en los argumentos sobre la construcción de la opinión pública de acuerdo con los supuestos de Habermas, te invito a reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cómo se puede garantizar la pluralidad, racionalidad y calidad de la opinión pública si gran parte de la población, en el caso de México,  no se involucra, es políticamente apática y poco participativa? ¿Cómo se puede asegurar o, más bien garantizar, la libertad y autonomía del debate público frente a la cada vez mayor y más frecuente presencia de intereses claramente definidos de los poderes fácticos? ¿Hasta dónde la opinión pública  puede considerarse genuinamente independiente en un país, como México, en donde los intereses de grupos y partidistas han permeado en la estructura de la sociedad? ¿Es posible aprovechar nuevos medios de comunicación, como el caso de las TIC's, para construir, fomentar y fortalecer el debate público? ¿Cómo lograr que la sociedad en su conjunto se involucre, participe y forme opinión pública racional, discursiva y de calidad, la cual  influya y sea parte en la toma de decisiones públicas?
El intercambio de ideas es un inicio esencial para la construcción de una opinión pública de calidad: ¡comencemos este proceso!


miércoles, 27 de octubre de 2010

Importancia de la construcción de una opinión pública de calidad

Panel de discusión

Según Guillermo O’Donell[1], un régimen democrático depende y se ve fortalecido por el reconocimiento del individuo en tanto  que “agente” consciente, reflexivo y responsable de sus actos. En términos estrictos, la noción de “agencia” planteada por dicho autor se refiere al interés de hombres y mujeres por lo público y lo político; al proceso de reflexión y racionalización de sus decisiones (expresadas, principalmente, a través de la emisión consciente del voto); a su cultura política que  les permite e impulsa a participar en lo público; y a su transformación de individuos pasivos, meramente receptivos de lo que acontece a su alrededor, a "agentes activos", informados, conscientes de sus decisiones y los alcances de las mismas.

 La “agencia” está determinada, en buena medida, por dos factores fundamentales:
a)      el nivel de conciencia política del individuo, el cual se refiere, según Zaller[2], al interés que éste manifiesta frente a los temas políticos y  la forma cómo comprende y procesa la información a la cual está expuesto.
b)      la conformación y manifestación de una opinión pública sobre un hecho o situación determinados con base en consideraciones preponderantemente cognitivas.

En este sentido, el acceso a la información se constituye en elemento sine qua non para el desarrollo de la “agencia” y el fortalecimiento de cualquier sociedad democrática. En consecuencia, la información debe ser concebida como bien público que garantiza la vida democrática de una sociedad.
Los medios de comunicación se erigen como los transmisores por excelencia de la información en el espacio público, de cuyo proceso de producción y distribución se deriva una de sus mayores responsabilidades frente a la sociedad: contribuir a la formación del pensamiento y a la conformación de una opinión pública, en términos de Zaller, reflexiva y cognitiva, que fortalezca y consolide a  la democracia.
Para lograr lo anterior, los medios de comunicación enfrentan dos grandes retos: a) producir información de calidad, en términos de que ésta sea oportuna, completa, clara y comprensible para el individuo; y b) producir información cuyo contenido conlleve a la reflexión y al sentido crítico que la democracia exige[3] Es decir, la información debe contar con los componentes indispensables de calidad y contenido que permitan al individuo formar su propia opinión con relación a un hecho o situación determinados, toda vez que es "la premisa para que tenga sentido cualquier tipo de discusión y decisión que resguarde el espacio público[4]”.
En seguimiento al pensamiento de O’Donell y  Morlino[5],  se desprende, entonces, una de las mayores contribuciones, pero también responsabilidades, de los medios de comunicación ante la democracia: coadyuvar al desarrollo y fortalecimiento de la “agencia” mediante la transmisión de información oportuna, transparente, de calidad y con contenido reflexivo y crítico, que permita la generación de una opinión pública sustentada en elementos cognitivos y no meramente emocionales. En pocas palabras, de acuerdo a la lógica de estos autores: la calidad de la democracia depende de la calidad de la información que se produce y transmite.

Sólo en una democracia, y alcanzado cierto nivel de desarrollo de los medios de comunicación, puede hablarse con propiedad de una opinión pública. En efecto, sólo bajo esas condiciones se producen públicos informados, informaciones continuas sobre hechos de relevancia pública, y una forma de relación entre gobernantes y gobernados que se halla condicionada por esos movimientos de opinión[6].

Tú qué opinas
  • En México, ¿los medios de comunicación contribuyen a la formación de una opinión pública de calidad? ¿En qué medida?
  • ¿Crees que existe diferencia entre los medios de comunicación escritos y visuales?
  • ¿Es acaso Internet una herramienta para construir una opinión pública de calidad?
  • ¿De qué manera consideras que la sociedad civil puede contribuir a este proceso? 
Discutámoslo, este es uno de los elementos indispensables para que la democracia mexicana evolucione




[1] Guillermo O’Donell. “Teoría democrática y política comparada”, en Desarrollo Económico, No. 156,  Vol. 39, enero-marzo, 2000.
[2] John R. Zaller. The nature and origins of mass opinion. Cambridge University Press, 1992.
[3], Ramón Guillermo Aveledo Los medios de comunicación y el cambio democrático,  ponencia presentada en la Conferencia Internacional "El derecho de la información en el marco de la reforma del Estado en México", realizada en mayo de 1998 bajo los auspicios de la Comisión de RTC de la Cámara de Diputados, la Universidad Iberoamericana, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Fundación Konrad Adenauer y la UNESCO.
[4] Bettetini, Gianfranco y Fumagalli, Armando  Lo que queda de los medios. Ideas para una ética de la comunicación. Argentina, Buenos Aires, Ediciones La Crujía, 2001, citado por Raquel San Martín. La ética como identidad compartida, artículo 64, febrero 2004, año V, volumen 2, consultado en la página de internet http://www.saladeprensa.org, 7 de abril de 2008
[5] L. Morlino. “Calidad de la democracia. Notas para su discusión”, en Metapolítica, No. 39, vol. 8, enero-febrero 2005..
[6] José Joaquín Brunner. Comunicación y política en la sociedad democrática, documento presentado en el Seminario “Políticos y Comunicadores: Interacción y Compromisos” 14 de diciembre de 1994.

Esta opinión es 100% de mi autoría y se puede citar parcial o totalmente, siempre y cuando se respeten de forma ética los principios básicos de derecho de autor y el contenido mismo de la obra.